Es época de sol, calor y playas; el arribo de las vacaciones de Semana Santa dan el banderazo para lucir tonos vivos, alegres y divertidos y, claro está, el cabello siendo el elemento principal de atracción de las miradas, siempre está al frente en esa pasarela involuntaria de balnearios, arena y mar. Y uno de los tonos más solicitados por las clientas son los rojizos y, en específico, el pelirrojo por su brillo, atractivo siempre jovial y moderno. Los primeros días a su aplicación luce espectacular, pero al paso del tiempo pierde brillo e intensidad. ¿Cómo conservarlo por más tiempo? Veamos algunos secretos profesionales…
Los cobrizos aunque lucen perfectamente en cualquier temporada, es justo en los de sol y calor donde más se piden a los coloristas y justo, en este espíritu liberador post pandemia, seguramente su demanda aumentará considerablemente y las clientes esperan soluciones prácticas de su estilista personal. Y es que ya sea por nacimiento o por coloración, este tono requiere cuidados muy particulares, lo que de por sí representa un reto para el especialista, que consideran al pelirrojo “el tono más difícil de mantener de todos los que componen la paleta cromática”.
¿A qué se debe lo anterior? Básicamente, porque en la coloración suele perder pigmentación con más rapidez e incluso con el uso de shampoos y otros aditamentos, modifique su tono a otros menos brillantes e incluso dar aspecto oxidado y, en casos extremos, a un amarillo verdoso o naranja opaco, que en definitiva es mala idea en la cabellera de las clientes.
Por ello, lo recomendable es retocar en el salón al menos cada cuatro semanas, aunque ello lo definirá la estilista acorde a las condiciones capilares y el tipo de coloración utilizada en el trabajo. Por otra parte, para el mantenimiento doméstico, lo más adecuado es utilizar productos con fórmulas para cabello coloreado como la base del cuidado y cada semana, utilizar un shampoo o mascarilla con pigmentos o de un baño de gloss, con lo que se protegerá la intensidad del color y prolongará su permanencia.
Ahora, ya que estamos inmersos en la temporada de playa, sol y piscina, la triada enemiga del teñido rojizo, para evitar afectar el color, se recomienda utilizar emulsiones vegetales con henna, los cuales devuelven de manera rápida y ecológica el brillo y tonalidad deseado; también se puede recurrir a lavar el color con pigmentos tras nadar o tomar el sol.
Por último, pero no menos importante, es necesario evaluar cual rojizo es el adecuado según el tono de piel y facciones; la idea es que el color favorezca los rasgos del cliente así que con base a una ecuación sencilla, se selecciona la fuerza del color: para cobrizo intenso, lo adecuados son pieles muy claras y con ojos verdes, azules o color miel. Es decir, la regla de los contrastes; por ello, en opinión de coloristas profesionales, para alcanzar el tono vivo, lo mejor es utilizar los castaños medios y claros o los rubios; sin embargo, para aquellas rubias que no quieran un cambio demasiado drástico, el rubio “veneciano” entre ambos tonos, representa una alternativa adecuada.
Por el contrario, la tez morena, de ojos oscuros y de melena castaña profunda o negra –que son el común denominador en las latinas–, los caoba, cereza o borgoña, les favorecerá y potenciará sus facciones, además que el mantenimiento post aplicación es menor, aunque se recomienda preferentemente en pieles jóvenes, ya que este tono suele acentuar las imperfecciones y relieves de la cara.
Al final, lo que importa es que la cliente se vaya satisfecha y segura que en la playa y con el verano a la vuelta, está lista y trendy para lucir su cabellera acorde a esta temporada de disfrute y diversión. Pero no se olvide; justo en estas condiciones el teñido sufre lo doble de lo habitual, así que además de los consejos ya dados para cuidar el color por más tiempo, no está de más un accesorio básico pero atemporal y muy adecuado: un sombrero o pañoleta, dará protección extra. Ahora sí, ¡a lucir ese pelirrojo en la playa!
