Dar vida a una colección de peluquería es un proceso apasionante que requiere una mezcla de creatividad, técnica y visión comercial.

  1. Busca fuentes de inspiración: «En mi caso hay una mezcla de búsqueda activa de fuentes de inspiración y necesidad de transmitir un mensaje. Uno de los motores del proceso es la experimentación de técnicas, texturas, etc.»
  2. Anota tus ideas: «Suelo crear carpetas de imágenes de referencia y realizo un mood board de la colección, que voy completando poco a poco con palabras, referencias, paleta de color y demás. A veces surge una idea técnica, por ejemplo, y apunto en notas estas opciones.»
  3. Vincula tu idea con las tendencias del momento: «Este aspecto es, quizás, el más complicado, ya que el proyecto mental o el mensaje no siempre coinciden con los estándares o con las tendencias del momento. Por eso hay que adaptarlo, por ejemplo, cambiando tonos de cabello de la imagen inicial a tonos más fáciles de encajar.»
  4. Convierte las ideas en imágenes concretas: «El primer paso en cada colección ha sido encontrar el nombre que transmita el mensaje de forma directa. Con él, se abre un torrente de ideas y conceptos casi de forma automática. Así selecciono todo el material de referencia y comienzo a bocetar la imagen final.»
  5. Olvídate del qué dirán: «Deja de lado el peso que supone el juicio ajeno o la opinión externa. Sigue tu intuición y disfruta mucho del proceso. Al final, ​ soltar esa presión es la clave para que fluya la creatividad.» ​
  6. Dale alas a tu colección: «Mi objetivo principal cuando creo una colección es poder comunicarme, expresar mi visión y mi forma de trabajar. Y está claro que al final esto se plasma en medios y prensa del sector, además de la posibilidad de participar en certámenes, con lo que se consigue un altavoz importante para ir consolidando mi trayectoria.»

El paso más importante: 7. ¡Lánzate de una vez!

«Siempre digo que crear una colección es el equivalente a la válvula de la olla a presión. Como creativos necesitamos romper la rutina diaria, estimular nuestra mente y motivarnos. Así conseguimos combustible para poder formarnos y evolucionar, con lo que repercute directamente en la clientela. Podríamos decir que indirectamente ofrecemos mejor servicio al cliente final», comparte Adrián Pardo.